sábado, 4 de junio de 2016

Los guías caninos del más allá azteca

En la soledad brumosa de los territorios andinos ha quedado atrapada la antigua leyenda prehispánica de los Xoloitzcuintili. Una raza de perros sin pelo que, según creían los antiguos aztecas, acompañaría a sus amos en un periplo místico a través de los diversos mundo de la ultratumba. Eran los compañeros de Xólotl, dios azteca de la transformación y de la muerte Su fama abarca un espacio y un tiempo tan grande como el que llenaron las principales civilizaciones precolombinas.

Algunos investigadores creen que el 'Xolo' podría ser una especie con más de 7.000 años, que nació alejada de la mano del hombre, y que fue venerada en la mayoria de culturas precolombinas. Prueba de ello, es que su rastro se encuentra a través de los tapices, los códices y los documentos de las tres principales culturas precolombinas (los aztecas, mayas e incas). Y en la miriada de culturas diferentes que poblaron el continente desde el valle de México hasta el sur de Perú. 


Su nombre proviene del antiguo náhuatl
El nombre de este extraño perro sin pelo proviene del ancestral náhuatl, que era la lengua franca en los territorios mesoaméricanos a principios del primer milenio de nuestra era. En esta lengua utilizada en el imperio azteca, el término Xoloitzcuintili proviene de la unión de los términos xólotl (extraño, deforme o bufòn) y de la palabra itzcuintli ("perro"). Precisamente, ese primer nombre (xólotl) era el que utilizaban los antiguos aztecas o mexicas para referirse al dios del inframundo.
En la mitología azteca, Xólotl era una suerte de Hades o Loki al estilo américano: el boss del bajo mundo. Era el hermano gemelo y contraparte del dios Quetzacóatl, la serpiente emplumada, quien representaba la vida, la luz y el conocimiento. Eran parte de una filosofía religiosa antagónica, pero complementaria, pues se entendían como las dos partes de una totalidad. Xólotl era el señor del inframundo, y se representaba iconográficamente con la cabeza de este perro, el 'Xolo'. 
                 Representación del dios Xolótl, basada en un códice prehispánico.
La creencia popular de muchos pueblos mesoaméricanos, cristalizada en el imaginario maya, era que los 'Xolos' eran una especie de 'caminantes' entre dos mundos. Y que, llegado el momento de la muerte, llevarían a su propietario al Mictlan (el averno de los aztecas). Eran una suerte de nexo entre este dios y el mundo terrenal, que reproducía la misión cósmica de Xólotl en el inframundo. La tarea del cual era custodiar la estrella de la tarde (Venús) a través del 'inframundo' hasta el alba.

Perros sanadores y 'mágicos'
El Kacklla, como se llama en algunas zonas de Perú, ha sido considerado por diversas culturas andinas como un animal sanador. Su principal característica 'sanadora' es su efecto antirreumático. Sí, antirreumático (es tremendo). Su temperatura corporal está de 3 a 4º más alta que en el resto de perros y transmite muchísimo calor a través de su fina piel. “Si tienes cólicos, un xolo acostado en tu panza puede ser el mejor remedio del mundo para aliviar tus males", reza el portal mejicano Instituto Perro.
Por esa razón, los xolos tenían una reputación como perros sanadores y se usaban en las aldeas de México como cura para los reumas, el asma, los dolores de barriga y el insomnio. También eran usados como protección en los hogares, pues se creía que debido a su conexión con el más allá podían cuidar las casas de los espíritus malignos y los intrusos. Probablemente, estas fueran creencias heredadas del mundo azteca, donde los propietarios se hacían enterrar con sus xolos en su tumba. 

    El xolo tiene dos registros genéticos sin pelo (el usual) y con pelo (raro). 

El xolo era, entonces, el protector, el amigo, un enlace con el mundo de los dioses. Pero, también eran considerados una exquisitez culinaria (se los comían, sí) que regaba las bodas, los banquetes y las ceremonias sagradas. Aunque, la mayor parte de ellos eran sacrificados cuando sus dueños morían para que fueran sus guías en el viaje al otro mundo. Algunas figuras de cerámica de Colima, de esa época, muestran que su aspecto se ha mantenido constante a través de los siglos. 

Un viejo amigo de la humanidad
Hay evidencias arqueológicas de que los xolos acompañaron al hombre en las primeras migraciones a través del estrecho de Bering. Figuras en cerámica y dibujos de los xolos que datan de hace 3.000 años y han sido descubiertos en las tumbas de los toltecas, los aztecas y los mayas, los zapotecas y las culturas de Colima. Hay leyendas que hablan de que Xólotl (el dios de los avernos) regaló este perro a los hombres después de haberlo fabricado de una astilla del hueso de la vida.
Sin embargo, la llegada de los invasores españoles casi acabó con esta especie ya que lo pasaban a la brasa, sin consideraciones al calendario de 'santos'. El resultado fue que casi tres siglos después, casi habían desaparecido todo los xolos de la América precolombina. Su recuperación vino tras la dictadura de Porfirio Diaz en México cuando intelectuales y nacionalistas empezaron a recuperar los signos del pasado. Y entre ellos, aparecieron los últimos vestigios de los casi extintos 'xolos'. 


Fue entonces cuando la figura del Xolo volvió a la vida de la mano de nacionalistas, intelectuales y artistas méjicanos. De pintores como Frida Kahlo y Diego Rivera, que veían en su figura el rastro de la mesoamerica pérdida. Y que incluyeron a esta raza en una nueva narrativa panamericana destinada a reflotar la identidad perdida. Fruto de ello, nacieron iniciativas a partir de los años cincuenta para 'cazar' manadas de xolos que se habían ocultado en territorios remotos, y así conseguir salvar a esta raza

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