martes, 19 de julio de 2016

La entrada cósmica a las entrañas del imperio andino

Las afiladas paredes de arcilla roja perdidas en las cercanías al lago Titicaca (3800 msnm) se abren como aceradas cortinas ante el misterio de Aramu Muru. O cómo la llaman los lugareños: la puerta del diablo. No hay ningún circo turístico tras las formaciones megalíticas que acontecen a este yacimiento, desconocido por la ciencia hasta 1990, y que provoca una inquietud visible entre los lugareños. Sus únicos testigos objetivos son los glaciares, el lago y un altiplano de alto voltaje.


La mitología inca predica que fue aquí donde el sacerdote Aramu Muru (del que toma nombre la puerta) entró en un portal, a rumbo desconocido, para esconder el gran disco de oro del Coricancha (el gran templo del sol de la capital, Cuzco) de la invasión española. Pero, los habitantes del área aseguran que el portal ya estaba antes de los incas y que era reverenciado por las culturas Pukara, Tiwanaku, los Lupacas o los Kollas. Y que su antigüedad se remonta a la etapa prehistórica.


La leyenda huele a rayo y cenizas
La puerta de Aramu Muru está esculpida en un corte recto y perfecto de 7mts que se adentra en una esbelta y alta creta de arcilla. El lugar parece el fin del mundo. A algunos kilómetros a su espalda, se despliega el gran mar del lago más alto del mundo, el Titicaca y los glaciares de la cordillera del Ancohuma; con sus picos de hasta 6.427 metros que parecen levantar una barrea sobrehumana. Las tormentas son muy duras y frecuentes, y dejan un extraño olor a azufre y a tierra quemada.



  La puerta de Aramu Muru  tiene un corte de una tacada totalmente homogéneo de 7 metros.

Los pastores del área, únicos transeúntes del paraje, pasan con la cabeza gacha y algunos se santiguan. Creen que el diablo mora allí. Otros, sin embargo, hablan de hombres altos con “esferas luminosas que caminan por el cerro durante la noche”. No es como los demás sitios arqueológicos del Perú: no hay puestecillos, ni nada a la vista. Sólo la soledad de una pastora que vende los boletos y de su compañera, una anciana casi ciega que mira sus cuarzos cada vez que cae un rayo. 

La entrada a la tierra de los dioses
Sin embargo, fuera de la supersticiones de los pocos campesinos y pastores que habitan en este perdido paisaje, hay varias leyendas que apuntan a su papel como puerta estelar. A parte del mito del sacerdote contrabandista sideral, hay historias de los tiempos preincaicos y aymaras; cuando era creído que los héroes pasaban por ese umbral para reunirse con los dioses en su vida eterna. Y que, después volvían de la mano de los dioses para ''inspeccionar las tierras del reino” cercanas al lago. 


Toda la sierra parece representar el esqueleto de un animal y está plegada de túneles internos. 

La precisión de la geometría andina
En las crestas rocosas que rodean al monumento, se han echo incisiones para que la puerta del 'diablo' reciba la luz procedente de todos los monumentos cercanos que rodean el lago. La luz es un tema fundamental en la cultura quechua (que conocemos como Inca, en honor a su dirigente). Y que incluso está representado en su bandera; que simboliza los colores de la descomposición de la luz. Con ella, los antiguos incas establecieron una red visual que entreteje todos sus sitios arqueológicos.



La clave para desentrañar este misterio podría estar en la Chacana, llamada también 'Cruz andina'. 

Esa red, como parece ser un patrón entre sitios incas, no es solo simbólica, también se traduce en una serie de caminos subterráneos. Y Amaru Muru no es una excepción. Forma parte de la serie de sitios que rodean el lago y crean la figura de un puma. Pero, además, tiene túneles subterráneos. Uno de ellos se encuentra tapiados por motivos desconocidos; aunque se dice que lleva hasta la primera capital inca, Tihuanaco. Y que de allí parten túneles a otras partes del imperio.

Y llegó Wiracocha
Resulta de lo más representativo que el Amaru Muru esté situado justo en el lugar donde apareció la figura 'divina' del imperio inca, Wiracocha. Según lo que dice la leyenda de él, era un anciano nómada barbudo que iba siempre ataviado siempre con un báculo y un libro. En la mitología andina, se le atribuye la creación de los dos primeros seres humanos, Manco Capac y Mama Ocllo. Dos seres, que según la mitología andina, habría creado moldeando barro del cercano lago Titicaca. 



     La leyenda inca retrata a Viracocha como un viajero que siguió con su camino.

La mitología incaica describe a este personaje como un viajero caucásico que, tras acabar con su misión, siguió caminando hasta Manta (Ecuador) vestido con harapos de mendigo, embarcándose después en una caminata a través del Pacífico al más puro estilo yogui. No sin antes prometer que volvería un día para ver el estado de su creación. Por eso, cuando los españoles invadieron América , los moradores quechua creyeron que se encontraban con los 'ayudantes' de su gran dios y opusieron una menor resistencia inicial. 

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